De las tablas del Teatro San Francisco a Calzadilla de los Hermanillos, el grupo de teatro Activos y Felices emociona con su cruda reflexión sobre la ludopatía y la soledad.
El teatro tiene el poder de poner un espejo frente a la sociedad, pero en manos del grupo de voluntarios del programa «Proyectos de Vida» de la asociación Activos y Felices, se convierte además en una herramienta de sanación. Bajo la dirección de Fidelina Ceballos, este elenco ha emprendido un viaje que comenzó en la capital y que está dejando una huella profunda en cada parada.
Un recorrido de éxito por la provincia
La andadura de esta representación comenzó pisando fuerte en el emblemático Teatro San Francisco de León, donde el público conectó de inmediato con la verdad que desprendían los actores. Tras ese éxito, la gira continuó hacia Santa María del Páramo, para regresar después a la ciudad de León, iluminando el escenario del Teatro de Las Sanchas.
Ahora, el grupo se prepara para llevar su mensaje a Calzadilla de los Hermanillos, demostrando que el teatro de calidad y con mensaje no entiende de distancias ni de tamaños de población.
Salud, dinero y amor: Un reflejo crudo de nuestra realidad
La obra plantea un dilema moral que, por desgracia, es más común de lo que pensamos. En un mundo obsesionado con la suerte rápida, se cruzan las vidas de un joven devorado por la ludopatía y una persona mayor que solo busca combatir su soledad.
Lo que parece el inicio de una amistad intergeneracional se transforma en una trama de manipulación: mentiras piadosas y estrategias calculadas para alimentar un vicio que nubla el juicio. La obra no solo denuncia la vulnerabilidad de nuestros mayores ante el engaño, sino que nos obliga a preguntarnos: ¿cuáles son las verdaderas riquezas de la vida?
Los protagonistas: El arte como medicina
Lo que hace que esta representación sea extraordinaria no es solo su guion, sino quienes le dan vida. Los actores son voluntarios que, a través del arte, han decidido enfrentarse a sus propios desafíos.
Para muchos de ellos, subir al escenario ha sido la clave para superar miedos, fobias y barreras personales. Son la prueba viviente de que la discapacidad o la vulnerabilidad no son límites, sino puntos de partida para descubrir talentos inmensos. En cada función, demuestran que el teatro no solo entretiene, sino que empodera y cura el alma.
